Vómitos y reflujo, enemigos del esmalte

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El esmalte es la protección que tienen nuestros dientes contra la caries y la erosión. Aunque la parte superficial de los dientes es el material más duro del cuerpo humano también sufre erosión. La falta de higiene y los ácidos son sus principales enemigos.

Cuando vomitamos, junto a la comida expulsamos los ácidos estomacales que nos ayudan a deshacer los alimentos en la digestión. La acción de esos ácidos sobre el esmalte dentario es nociva, especialmente, cuando el reflujo o lo vómitos son continuados.

Uno de los primeros síntomas de la anorexia y la bulimia nerviosa es el deterioro de los dientes del enfermo. El tratamiento con flúor puede paliar en parte el desastre, pero el proceso no es del todo reversible.

Una vez que hemos vomitado debemos tener en cuenta que, al igual que al comer, cepillarse de forma inmediata sólo sirve para erosionar más el esmalte. La práctica más saludable es tratar de anular el efecto de los ácidos, enjuagándonos la boca con un poco de agua y bicarbonato, por ejemplo. De este modo evitamos el contacto del ácido con la superficie de nuestros dientes, al tiempo que amortiguamos su efecto con una solución básica. Beber un vaso de leche también puede ser un buen remedio para neutralizar la acidez y el reflujo gástrico.

En casos extremos, en los que el esmalte de los dientes está ya muy dañado por la erosión del ácido, la única solución es cubrir la pieza con empastes, coronas o carillas.

Ante los primeros síntomas, consulta a un especialista.

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